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jueves, 24 de julio de 2014

Mi pequeño Tour de los Pirineos

Ahora que ya han terminado las tres etapas pirenaicas del Tour de France de este año, y con el mal sabor de boca para “purito” Rodríguez de tener que conformarse con el tercer puesto en el podio de la clasificación de la montaña, tras el virtual ganador del Tour Vincenzo Nibali y el joven polaco Rafal Majka, y tener que esperar a la Vuelta a España para demostrar una vez más su valía, les quiero presentar esta crónica de mi pequeño Tour pirenaico de agosto del 83, que forma parte de mi Autobiografía Entre picos, volcanes, lagos y libros, que tengo a punto para su edición digital.
   Ya años después y con mi bicicleta de carreras plateada, que aún conservo, el verano siguiente a la realización del servicio militar, hago realidad mi mayor proeza ciclista. Emulando las etapas pirenaicas del Tour de Francia, que siempre miro con gran deleite, desde el Callís cargo la bicicleta en el coche hasta el Mariner de Sant Pau de Seguries, una gran masía conocida además por una popular leyenda.
   Allí comienzo mi aventura ciclista, que me lleva primero hacia Sant Joan de les Abadesses y Ripoll, poblaciones que conservan preciosos monasterios románicos, para a partir de Ribes de Freser subir la larga y pesada collada de Toses (1.800 m), bajar hasta Puigcerdà, la capital de la comarca de la Cerdaña, atravesar la frontera con Francia por la Guingueta d’Ix (1130 m), rebautizada en 1815 por el duque de Angulema Luís Antonio de Borbón y Saboya, hijo del futuro rey Carlos X de Francia, como Bourg Madame por ser el primer pueblo francés que pisó regresando del exilio que Napoleón le impuso en Barcelona en honor de la esposa y prima de la duquesa Teresa de Francia, hija primogénita de los guillotinados Luís XVI de Francia y María Antonieta.
    Allí compro un meloncito y en una sombra, al lado del río Querol me lo como con gran apetito, como es natural, y hago una pequeña siesta antes de emprender la subida al último puerto del día, el coll de Pimorent (1920 m), para de allí bajar hasta la población ariejoise de Acs (Ax-les-Thermes), a 720 m, donde paso la noche en la gîte d’Etape, y reponer fuerzas para la dura etapa de mañana.
    En efecto, el segundo día empieza con la ascensión al col de Palhièras (2011 m). Este puerto de montaña está considerado de categoría especial en el Tour de Francia, y bien se lo merece porque, por ambos lados, la subida es muy larga y pronunciada. Por el oeste la subida tiene 18 km, con una primer sector  sombreado en su mayor parte por un precioso bosque de hayas, hasta encontrar un pequeño embalse y luego emprender la dura cuesta final, con rampas de hasta el 18%. Por este lado es por donde lo subo yo, necesitando detenerme hasta un total de 3 veces para recuperar un poco de fuerzas.
   La bajada hacia el Querigut tiene en su parte superior también unas curvas y pendientes muy pronunciadas, que incluso en las dos ocasiones en que años después las subiré en el coche se acusan notablemente, y luego atravieso un precioso bosque de abetos para seguir subiendo hasta el coll de la Quillana (1713 m) y atravesar buena parte de la comarca de la Cerdaña.
    Paso por la estación de esquí de la Molina, donde me tomo una cerveza y desde donde diviso el bosque donde varios años fui de campamentos y cada mañana temprano nos bañábamos en una piscina cuya agua sale directamente del riachuelo que pasa por el lado y es tan fría, que nos dejaba tiesos, por proceder de la fusión de la nieve invernal y la mencionada collada de Toses, que desciendo ya con muchas ganas de llegar a casa.
    Sin embargo, antes de llegar a Ripoll me tengo que detener porque empieza a llover y además no me encuentro muy bien para pedir a un coche que me lleve hasta Sant Pau de Seguries, desde donde, con un último esfuerzo, voy a buscar mi carro y llego al Callís.
©Joan B. Fort Olivella
Atlixco, 24 de julio de 2014.

martes, 18 de diciembre de 2012

Viaje por el norte de la Península Ibérica (5) De Oviedo a Santander

Un paisaje muy verde y suave nos lleva sólo en media hora de la capital del Principado de Asturias a Cangas de Onís/Cangues d’Onís, la primera capital del condado de Asturias, y de allá siguiendo el río Sella que atraviesa un atrevido puente medieval y tiene     aún muchos hórreos a su vera hacia Covadonga, un bellísimo paraje marcado per tres hechos: el encuentro de la Virgen en la Santa Cueva; la supuesta victoria de Pelayo I, primer conde de Asturias, sobre los musulmanes en este lugar el 28 de mayo del 722 gracias al rebote en dicha santa cueva de les flechas, a pesar de que los cronistas musulmanes posteriores dicen todo lo contrario, donde entre 1877 i 1901 se construiría en piedra calcárea rosa la basílica, obra del arquitecto valenciano Frederic Aparici, que recuerdan un gran monumento en la explanada, su sepulcro en la cueva, la cruz que ondea en la bandera de Asturias y el museo que explica la historia del sitio y los reyes y príncipes de Asturias; y el carácter de cruzada que tres siglos más tarde se daría a aquel hecho.

Paseo por estos parajes recordando un artículo que leí hace muchos años donde se explicaba muy bien todo el contexto geográfico y la forma como se había desarrollado la gesta que marcó la historia de lo que siglos después sería España y que lleva cada año aquí a  muchos miles de visitantes, así como las sonadas victorias de Bernard Hinault, Pedro Delgado y otros grandes ciclistas en la etapa de la Vuelta Ciclista a España que termina en los lagos que casi mil metros más arriba.

Con el recuerdo de estos grandes paisajes y gestas del Parque Nacional de la Montaña de Covadonga regresamos hacia Cangas de Onís, donde tomamos la carretera que siguiendo hacia el este nos lleva hacia Carreña y el Desfiladero del Cares hasta ver el mar Cantábrico en San Vicente de la Barquera y desde allí seguir una rato más la autopista hasta Santillana del Mar, donde visitamos el museo donde se reproducen a escala natural las famosas pinturas prehistóricas de les cuevas de Altamira y se explica de una forma muy didáctica su contexto, y la villa, también famosa porque sus calles en forma de Y griega están llenas de casas señoriales con grandes escudos.


Mientras comemos el típico cocido montañés surge con los compañeros de viaje y vecinos de mesas iberoamericanos una animada conversación sobre Hugo Chávez y los demás cabezas de estado, en la cual lo que queda claro es que nadie está contento con sus gobernantes.

Y con estas impresiones nos vamos acercando a la capital cántabra Santander, pero para tener una mejor vista de su bahía descansamos un poco bajo los pinos y subimos al trenecito que da la vuelta a la península y Palacio de la Magdalena, construido poir subscripción popular para lugar de veraneo del rey Alfonso XIII, en el museo marítimo de la cual se han reproducido algunas de les embarcaciones que llevaron mucha gente de estas tierras a América.

Un paseo por las principales calles y plazas de esta ciudad conocida por el banco que lleva su nombre y la sede del cual también destaca per su majestuosidad ofrece una imagen de bienestar, que la luna llena sobre les playas del Sardinero acaba de completar.

©Joan B. Fort Olivella
Atlixco, 18 de diciembre de 2012.